Relación Chicozapote- Chiclero

02 Sep. 2020

Por Fulvio Eccardi

El chicozapote (Manilkara zapota), de donde se obtiene el chicle, es un árbol nativo de las selvas atlánticas de Nicaragua y del Gran Petén, que abarcan parte de la Península de Yucatán, Belice y Guatemala y que son, hoy día por su tamaño, la segunda área de selva perennifolia del continente americano, sólo después del Amazonas. El chicozapote es uno de los árboles más comunes de estas selvas, y en ciertas áreas se pueden contar hasta 30 por hectárea.

Contemplar a los “chicleros” acercarse al chicozapote, tocarlo, treparlo y hacerle los cortes en la corteza por los que escurrirá el látex, es abrir una ventana a una relación muy estrecha y antigua entre el hombre y la naturaleza. La labor del chiclero es dura y muchas  veces peligrosa. Trabajar en la selva durante la época de lluvias, que es temporada de cosecha del chicle, significa andar constantemente mojado y soportar sin descanso los piquetes de los mosquitos. En ocasiones, puede suceder que un machetazo mal colocado corte la soga a la cual los chicleros se aseguran y la caída provoque graves lesiones o aun la muerte. Con un filoso machete, con el cual van aplicando incisiones en forma de zigzag desde la base del tronco hasta sus primeras ramificaciones, estos hombres, acostumbrados a intensas jornadas de trabajo, se trepan a los árboles, que llegan a medir más de cuarenta metros de altura con diámetros superiores a un metro, con la simple ayuda de garfios en las botas y una soga atada alrededor de la cintura y sujeta al tronco del árbol. Por las incisiones practicadas, el látex irá escurriendo hasta depositarse en bolsas de henequén que fijan a la base del tronco.

Según el tamaño y las veces que haya sido “chicleado”, de un chicozapote se pueden extraer de 500 gramos a dos kilogramos de látex. Al finalizar el día se recolecta el látex de las bolsas, se filtra y se pone a hervir en pailas metálicas. Poco a poco el látex va perdiendo humedad y se torna pegajoso hasta que se cuece. Una vez frío, se coloca en moldes de madera recubiertos de jabón –que evita que se pegue– y se obtienen las marquetas de chicle. Después de ser chicleado, un árbol debe “descansar” entre cinco y ocho años.

En 2009 nació Chicza, la primera goma de mascar mexicana elaborada con chicle natural, está certificada como orgánica y es biodegradable. Se fabrica en Quintana Roo en la planta industrial de Chetumal que pertenece a las cooperativas chicleras agrupadas en la empresa social Consorcio Chiclero.

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