¿Quieres ayudar a México en serio? Necesitas empezar a comer estas 4 cosas ya

En muchos sentidos, los humanos hemos subestimado la importancia vital de la naturaleza. Igual que en el resto del mundo, en México eso se manifiesta en una enorme falta de conciencia ambiental, pero también en la depreciación (simbólica y económica) del campo y de la agricultura. El campo mexicano debería ser un asunto respetado y protegido por todos nosotros.

¿Y por qué? cuidar de nuestra tradición campesina es apostar por la seguridad alimentaria, definida como la capacidad de que todos los mexicanos tengamos acceso fácil a una alimentación nutritiva. Además, luchar por el campo (siempre y cuando se trate de agricultura sostenible) es luchar en contra del cambio climático y a favor de la flora nativa.

Esquemas tradicionales de siembra, como la milpa, están ligados a una gestión sostenible del territorio, pues los campesinos que los practican entienden que, así como es necesaria la tierra para sembrar, es necesario el equilibrio, la vida en los bosques, la fauna, la gestión adecuada del agua, los procesos que no dañan a otros y que no terminan por cobrársela a la misma tierra.

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Si esos argumentos no son suficientes, hay que recordar que las plantas endémicas son pieza clave del enorme rompecabezas de nuestra diversidad, que, además, se manifiesta no solo en la naturaleza, también en nuestra cultura. ¿Te imaginas un México sin maíz? ¿Sin aguacate?

En muchos sentidos, entonces, no se trata solo de revalorar al campo y a los campesinos, sino de encontrar estrategias para tener alimentos muy nutritivos y que no dañen el medio ambiente (aquí una lectura interesante sobre ese asunto). Piensa que si no comemos bien todos, es prácticamente imposible estar sanos y satisfechos. ¿Cómo resolver entonces nuestros problemas sociales? Primero, lo primero. Bien se dice que panza llena, corazón contento.

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No podemos saber aún en qué medida y dirección avanzarán las políticas públicas para incentivar una producción agrícola consciente. Las propuestas de las nuevas administraciones a penas se están presentando. Aún no podríamos calificarlas de auténticamente realistas y sustentables.

Así, empecemos nosotros haciendo algunos cambios. Comer es delicioso, claro, pero también se puede transformar en un acto para ayudar al país, pues, lo que decidimos o no consumir afecta la oferta y, eventualmente, las formas de producir. Exijamos con nuestro consumo una producción más sustentable.

Incluyendo estos cuatro alimentos en tu dieta podrías hacer una auténtica diferencia:

Café sustentable

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El café es profundamente querido. Así, pedirte que lo incluyas en tu dieta tal vez sea repetitivo. Pero no estamos hablando de cualquier café. Si quieres echar una mano a los campesinos mexicanos, urge que cambies tu clásico soluble por un buen café orgánico, tal vez de Veracruz o Oaxaca y comercializado directamente por los productores o sus cooperativas. Es muy grave hacer lo contrario.

En las fincas cafetaleras utilizadas para la siembra extensiva de café, con vistas a su venta masiva, es común cultivar el grano “robusta” que según este artículo de El País, es más barato, de menor calidad y mucho menos amigable con el medio ambiente, porque necesita sembrarse a cielo abierto y no junto a otros árboles frutales o maderables, lo que lo vuelve un problema cuando se trata de gestionar de manera equilibrada la siembra.

Miel maya

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Si te encanta la miel, asegúrate de comprar la que producen las abejas mayas. En general, las abejas están en peligro de extinción debido a la deforestación, los pesticidas, el crecimiento de las ciudades, entre otras cosas. Esto puede convertirse en un problema enorme.

En este interesante artículo de Reporte Índigo sobre el asunto se cita un dato crucial de la FAO: hay 100 tipos de cultivos agrícolas que proporcionan el 90% de los alimentos de todo el mundo y 71 de ellos son polinizados por las abejas. Es muy sencillo: sin abejas habría una enorme crisis agrícola.

Si queremos mantener la diversidad de cultivos, debemos mantener a las abejas. Quienes hacen miel de manera correcta, informada y sustentable (como las mujeres del proyecto Soy Abeja Maya), son responsables de mantener vivas a múltiples colonias de abejas y, con ellas, la tradición de comer miel y usarla como sustancia medicinal.

Maíz nativo

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En la forma de elote, gordita, esquite, tamal, tortilla o itacate. Como sea. Como quieras. Salado o dulce. Tienes que empezar a comer maíz y no cualquier maíz. Tienes que empezar a comer maíz nativo. Por un lado, porque el maíz nativo y los mexicanos estamos completamente conectados: sin un cuidadoso proceso de cultivo y selección que empezó hace miles de años esta planta no existiría. Y hay que decirlo: sin maíz ¿habría país?

Pero nuestra planta está desapareciendo, en gran medida porque los consumidores no la estamos exigiendo. Y deberíamos, porque es nutritiva deliciosa y sus diversas cualidades le permiten sobrevivir a los cambios en el clima y a las plagas sin necesidad de pesticidas o fertilizantes. Por último, consumir maíz nativo es apoyar la milpa y hacerlo es apostarle a las economías locales y comunitarias. ¿Necesitas más buenas razones?

Aguacate criollo

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Se afirma en este artículo de Animal Político:  “durante las tres semanas previas al Super Bowl 2019, la Asociación de Productores y Empacadores Exportadores de Aguacate de México (APEAM) estimó que se enviaron unas 120 mil toneladas de aguacate a Estados Unidos. O sea, el equivalente a la mitad del peso de la Estatua de la Libertad de Nueva York.”

¿Deberíamos celebrar la noticia? Sí y no. Desde el sentido estrictamente económico esta fiebre por el “oro verde” mexicano es algo muy bueno. Pero en el sentido ecológico y social, no tanto. La siembra extensiva del aguacate nos ha costado, como se explica en este brillante artículo de Raúl Benet, la pérdida de medio millón de hectáreas de bosque (y eso solo en Michoacán).

Además, cita Benet, según el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria y Forestal (INIFAP), cultivar aguacates implica “altas concentraciones de pesticidas y fertilizantes, que contaminan los mantos freáticos, los arroyos y todos los cuerpos de agua”, sin mencionar los efectos en personas y animales.

Por otro lado, este no es un llamado a no comer aguacate. Al contrario: es una invitación a comer variedades de esta fruta, que podrían no ser tan populares. El “aguacate Hass” es el más común, pero el aguacate criollo, aunque sabe un poco distinto es igualmente delicioso y es mucho más fácil comprarlo directo de quien lo cosecha, en los mercados, sobre todo.

Así puedes asegurarte de que su siembra es sustentable, libre de pesticidas y que al comprarlo apoyas la economía local y no un sistema extensivo y explosivo, de orígenes dudosos.

 

Esta nota fue originalmente publicada en masdemexico.com

Consumir responsablemente hace una gran diferencia para el planeta y sus habitantes (aquí te lo demostramos)

Conscientes de ello o no, siempre somos responsables de lo que consumimos. Tal vez no lo asumimos así, pero siempre recae en nosotros la responsabilidad sobre las consecuencias de adquirir un bien o servicio. Si no nos informamos de los procesos que dan lugar a cada una de las cosas que decidimos comprar, estamos pasando por alto la posibilidad de que estos, en realidad, estén afectando negativamente al medio ambiente o a un grupo social específico.

Pero, aunque el ejercicio se presenta como exhaustivo y, en algunos casos, prácticamente imposible, hay pequeñas acciones que puedes realizar para responsabilizarte activamente de tu consumo. Por otro lado, lo primero que hay que entender es qué significa el consumo responsable y qué implicaciones positivas tiene para el medio ambiente y las personas.

Consumo responsable es adquirir sólo lo que verdaderamente necesitas

Si lo reflexionamos un poco, es fácil notar cuáles de las que cosas que hemos consumido en un día eran en realidad innecesarias. Desde la caja con paquetitos individuales de galletas hechos de plástico, la botella de agua, el periódico que dejamos a medio leer, y hasta los zapatos nuevos que estaban en oferta. Pocas de las cosas que poseemos y adquirimos en el día a día son realmente importantes para nuestra supervivencia.

Y aunque el consumo responsable no se trata de dejar de consumir cosas simplemente porque nos complacen, sí se trata de reducir, tanto como sea posible, las pequeñas compras que no se necesitan y que sólo satisfacen antojos o impulsos inmediatos. Vale la pena invertir en pocos objetos, pero de buena calidad, que van a durar más tiempo y que realmente podremos aprovechar. Y, en este sentido, es importante consumir menos, para producir menos basura y contaminación.

Si no eres consciente de las implicaciones para el medio ambiente, no es consumo responsable

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Hay que tratar de elegir bienes y servicios que favorezcan al medio ambiente. Para lograrlo, a veces tenemos que rastrear las historias de los productos, los medios por los cuales fueron hechos y la forma en que se extraen sus materias primas. Los productos industrializados suelen estar empaquetados y su producción y distribución conlleva grandes emisiones de gases de efecto invernadero.

Por otro lado, muchas industrias contaminan el agua y para extraer materias primasexplotan de forma desmedida al medio ambiente. Hay que investigar si las cosas que consumimos tienen un impacto ambiental muy grande, cómo inciden en nuestra propia huella ambiental, si son de buena calidad o si los tendremos que desechar pronto y, si acaso, la forma en que extraen recursos es verdaderamente legal, no sólo sustentable.

Son buenos indicadores que las empresas, organizaciones o personas que producen lo que consumimos estén apostando por reducir impactos, usando materiales reciclables o reutilizables. También que prefieran producir objetos orgánicos o biodegradables. Esto también aplica para los servicios. También podemos medir el impacto ambiental de las actividades turísticas, de entretenimiento, etc.

Para ser consumo responsable debe ser socialmente responsable

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Por último, es muy importante informarnos sobre las condiciones laborales que rodean a los productos que consumimos. Estas deben relacionarse con la búsqueda de equidad social y respeto a los derechos humanos. El concepto central aquí es el consumo justo y solidario. Es mucho más fácil propiciar ese tipo de consumo cuando se acorta, tanto como sea posible, la distancia entre los productores y los consumidores. Muchas veces los intermediarios provocan que los consumidores gasten mucho y que los productores ganen muy poco. Además, tenemos que asegurarnos de que los pagos sean justos, tanto como para quien consume, como para quien produce. Muchas veces los productos industrializados están hechos por “mano de obra barata”, pero en realidad, el trabajo que esa mano de obra realiza les cuesta mucho en esfuerzo físico, mental y emocional. Apostemos por comprar directamente a los productores y pagarles lo que se merecen.

Esto es lo que tú puedes hacer para practicar un consumo responsable fácilmente

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Hablando de precio justo, lo primero que tienes que hacer es asegurarte de estar pagando por lo que compras. Son muchos los lugares y comercios en donde se te ofrecen productos a precios muy elevados y en realidad están hechos con materias primas baratas, malas para tu salud y para el medio ambiente, posiblemente producidos por gente que gana el salario mínimo. Un ejemplo cotidiano son los alimentos en los cines comerciales. No deberías nunca pagar más de lo que cuesta lo que estás comprando, sin dejar de lado, claro, el esfuerzo que realizan los productores.

Por otro lado, asegúrate de entender bien a quién le estás comprando, cuando pagas por algo. Piensa que cada compra que haces, es una pequeña inversión que sostiene diversas formas de vida. Si compras un producto hecho con mano de obra infantil, sostienes que este acto exista. Si compras a una empresa que contamina el agua o se aprovecha de tierras que no le pertenecen, no sólo la estás justificando, también la estás financiando.

Lo más fácil (y bueno para el medio ambiente, la sociedad y la salud) es apostar por lo que se produce localmente, será más fácil contactar a la fuente de los bienes y servicios que compras y entender los procesos detrás de ellos. Busca a los agricultores y ganaderos locales, que trabajen de forma ecológica. Busca a los artesanos que están haciendo sustitutos a casi todo lo que compramos con materias orgánicas; desde ropa y accesorios, hasta productos de higiene y belleza.

No te olvides, además, no desperdiciar comida, tratar de tirar menos basura e intercambiar una compra contaminante por una acción equilibrada. Recuerda pensar bien si necesitas algo antes de comprarlo y compra local. Tal vez te pierdes de algunos caprichos, pero ganarás certeza sobre la forma en que estás mejorando las condiciones de vida de los que te rodean y del entorno.

Aprende aquí cómo distinguir a las empresas social y ambientalmente responsables y utiliza esta app para entender en manos de quiénes cae tu dinero cuando compras un producto, evitando seguir financiando a compañías con malas prácticas.

 

Esta nota fue originalmente publicada en ecoosfera.com